miércoles, 16 de febrero de 2011

Nacional 0 x America 2

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Nacional armó el paquete, le puso la moña y todavía se lo entregó en las manos al América de México. Regalo total. De principio a fin. Para aumentar la sequía de triunfos, para ratificar que el equipo no anda y para incrementar las dudas enormes que se cimentaron a partir de la poca consistencia colectiva que se muestra.
El debut copero no pudo ser peor. Porque lo que apareció en el estadio Azteca fue más grave de lo que hasta ahora se había observado, producto de la reunión poco creíble de horrores deportivos que hicieron que el equipo se entregara de pies y manos al dueño de casa.
Sucede que para competir de verdad en cualquier cancha, para aspirar a grandes cosas lo primero que hay que hacer es no regalar goles tontos. De esos que destruyen el espíritu. Que abren una herida de punta a punta del pecho. No se puede empezar un partido de Copa Libertadores sumando una cadena de errores que generan fastidio.
Tres minutos de juego. Sí, nada más que tres minutos y empezó el descalabro: primero falló Flavio Córdoba - que se entreveró con sus propias piernas-, luego se comió el amague Alejandro Lembo que trató de despejar y pifió feo. Después, llegó Marques como si estuviera mirando una vidriera y para colmo de males Leonardo Burián adoptó más la pose de un jugador de voleibol que se arroja para levantar la pelota que la de un arquero que intenta rechazar el balón que va directo hacia su arco. Así empezó el duelo. Tres minutos de juego. Sí, tres minutos. Macana va, macana viene y gol de América. Terrible.


Y a partir de ahí a pelearla como se pudiera, contra un conjunto mexicano que jugó tranquilo, controlando el balón, metiendo cambios de frente para que Nicolás Olivera, Vicente Sánchez o Layún le dieran gran profundidad al ataque.
Se aguantó mucho porque América fue generoso a la hora de trasladar el dominio al marcador, pero se estuvo siempre con la soga al cuello. Más cerca del segundo que del empate.
Lo increíble es que no se quedaron conformes con el primer obsequio e hicieron otro más. A Lembo le pasó por abajo del zapato otra pelota más, Vuoso le ganó la pulseada a Marques y Burián la tuvo que ir a buscar al fondo del arco cuando iban 49 minutos de juego.
Así no hay cuerpo que aguante, ni resultado que se consiga. Un regalo descomunal.

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