
Juan Ramón levantó la vista al cielo, resopló aliviado, y los ojos se le enrojecieron. Nacional acababa de consumar la victoria que precisaba para poder seguir viviendo el sueño de toda su vida.
Sufriendo como nunca. Mucho más por el entorno, por las sospechas de hecatombe si el resultado no llegaba, estuvo a punto de enterrarse en el césped por tanta frustración.
Era el partido más duro de todos. Y a medida que pasaron los minutos se fue confirmando como la noche negra. Complicó muchísimo el penal malogrado por Horacio Peralta, aumentó la psicosis la falla poco creíble de Rodrigo Muñoz en un tiro libre frontal de Sebastián Fernández.
Pero sobrevivió. Salió al frente pese a los problemas. Porque los hubo. Como las fallas en los laterales, el poco poder de ataque en el área o el demasiado nerviosismo en los pases. La película parecía que iba a repetirse.
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//-----no modificar nada mas-----
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Pero no hubo doble función. Porque "JR" mandó a la cancha al dueño del espectáculo. Lo palmeó y le habló. Y el hombre demostró que el fútbol es simple, que hay que coordinar los movimientos, que no hay que abusar del traslado y que con un enganche y un pase se fabrican los espacios para que las jugadas aparezcan.
El "Muñeco" Marcelo Gallardo abrió sus brazos. Miró al cielo y agradeció tanta espera y confianza depositada en su talento. Fue su noche. No podía ser de frustración de ninguna manera. Y él lo cambió todo. Empezó a meter tiros diagonales, habilitaciones con sorpresa. Se juntó con Viudez, con Anderson Silva. Más tarde se sumó Mauricio Pereyra y lo que hasta ayer no había aparecido cayó de golpe en la cancha del Parque Central.
Está bien, aceptemos que el cebrita se equivocó feo en los dos primeros goles que le posibilitaron al tricolor dar vuelta el partido, pero debe reconocerse que fue apurado por una creación de juego que antes no había estado. Ni en este mismo partido ni en los anteriores.
El "Muñeco" hasta revolucionó en lo anímico. Por eso Carrasco terminó riendo. Por eso volvió a encenderse la esperanza.
La estrella
M. Gallardo
Determinante en el partido. Sus pases cambiaron todo.
Sufriendo como nunca. Mucho más por el entorno, por las sospechas de hecatombe si el resultado no llegaba, estuvo a punto de enterrarse en el césped por tanta frustración.
Era el partido más duro de todos. Y a medida que pasaron los minutos se fue confirmando como la noche negra. Complicó muchísimo el penal malogrado por Horacio Peralta, aumentó la psicosis la falla poco creíble de Rodrigo Muñoz en un tiro libre frontal de Sebastián Fernández.
Pero sobrevivió. Salió al frente pese a los problemas. Porque los hubo. Como las fallas en los laterales, el poco poder de ataque en el área o el demasiado nerviosismo en los pases. La película parecía que iba a repetirse.
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Pero no hubo doble función. Porque "JR" mandó a la cancha al dueño del espectáculo. Lo palmeó y le habló. Y el hombre demostró que el fútbol es simple, que hay que coordinar los movimientos, que no hay que abusar del traslado y que con un enganche y un pase se fabrican los espacios para que las jugadas aparezcan.
El "Muñeco" Marcelo Gallardo abrió sus brazos. Miró al cielo y agradeció tanta espera y confianza depositada en su talento. Fue su noche. No podía ser de frustración de ninguna manera. Y él lo cambió todo. Empezó a meter tiros diagonales, habilitaciones con sorpresa. Se juntó con Viudez, con Anderson Silva. Más tarde se sumó Mauricio Pereyra y lo que hasta ayer no había aparecido cayó de golpe en la cancha del Parque Central.
Está bien, aceptemos que el cebrita se equivocó feo en los dos primeros goles que le posibilitaron al tricolor dar vuelta el partido, pero debe reconocerse que fue apurado por una creación de juego que antes no había estado. Ni en este mismo partido ni en los anteriores.
El "Muñeco" hasta revolucionó en lo anímico. Por eso Carrasco terminó riendo. Por eso volvió a encenderse la esperanza.
La estrella
M. Gallardo
Determinante en el partido. Sus pases cambiaron todo.










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