
Promediaba el segundo tiempo y, perdiendo 2 a 1, Peñarol atacaba y, con las corridas de Estoyanoff, alguna maniobra encaradora y desfachatada del floridense Guichón, y tirándole centros a Olivera desde todos los ángulos, daba la sensación de que podía empatar y, por la poca contención de River en el mediocampo, hasta podía llegar a pasar de largo.
En ese momento, roncadora como siempre, la Amsterdam empujaba y parecía que, con el rival "contra las cuerdas", hasta "jugaba"; sin embargo, habitualmente pobladas por mayoría de hinchas menos viscerales -o no tan demostrativos- que los que van a la localidad donde está la "barrabrava", la Olímpica y la América permanecían quietas, calladas.
Quizá en esos otros lugares del Centenario las mentes de los hinchas aurinegros estaban "velando" el deseo que tenían de ganar el Uruguayo; al fin y al cabo, jugando con al menos 7 futbolistas que no son frecuentemente titulares, y un equipo de "rejuntados"porque los 11 que actuaron ayer nunca formaron un cuadro, ni en las prácticas, Peñarol lo que hizo fue tomar una decisión: autoeliminarse; o, cuando menos, jugar a la ruleta rusa y arriesgarse a que eso pasara.
Entonces, en el marco de un trámite inicial de ida y vuelta, de poca contención en la mediacancha, donde River llegaba a fondo por el empuje de B. Silva, el manejo de J. Pereira y la habilidad de Ramírez y Zambrana, mientras Medina -aunque peligroso- malograba algunas chances, el que descerrajó el tiro del final fue el tirón de Urretaviscaya, porque sus carreras habían sido "la diferencia", el alma de todos los ataques, hasta que se fue lesionado tras poner a Peñarol en ventaja.
A partir de ahí, River respiró atrás, eso ayudó a que se fuera adelante al extremo de que un zaguero marcó el empate llegando como un atacante y, aunque luego Peñarol incluyó a Darío y Olivera, pegando un manotazo de ahogado que "dio vuelta la cancha", con las atajadas de Laforia y el aporte de Franco en los contraataques, se vino el descalabro.
Mejor dicho: el "entierro"; porque al Peñarol del Uruguayo que se pegó un tiro en la sien, hacía rato que la América y la Olímpica lo estaban velando.
La cifra
8 goles le metió River Plate a los dos grandes: le ganó a Nacional 4-2 y a Peñarol 4-1.
Las estrellas
F. Laforia
Gravitante. Hizo grandes atajadas; algunas, incluso, monumentales.
En ese momento, roncadora como siempre, la Amsterdam empujaba y parecía que, con el rival "contra las cuerdas", hasta "jugaba"; sin embargo, habitualmente pobladas por mayoría de hinchas menos viscerales -o no tan demostrativos- que los que van a la localidad donde está la "barrabrava", la Olímpica y la América permanecían quietas, calladas.
Quizá en esos otros lugares del Centenario las mentes de los hinchas aurinegros estaban "velando" el deseo que tenían de ganar el Uruguayo; al fin y al cabo, jugando con al menos 7 futbolistas que no son frecuentemente titulares, y un equipo de "rejuntados"porque los 11 que actuaron ayer nunca formaron un cuadro, ni en las prácticas, Peñarol lo que hizo fue tomar una decisión: autoeliminarse; o, cuando menos, jugar a la ruleta rusa y arriesgarse a que eso pasara.
Entonces, en el marco de un trámite inicial de ida y vuelta, de poca contención en la mediacancha, donde River llegaba a fondo por el empuje de B. Silva, el manejo de J. Pereira y la habilidad de Ramírez y Zambrana, mientras Medina -aunque peligroso- malograba algunas chances, el que descerrajó el tiro del final fue el tirón de Urretaviscaya, porque sus carreras habían sido "la diferencia", el alma de todos los ataques, hasta que se fue lesionado tras poner a Peñarol en ventaja.
A partir de ahí, River respiró atrás, eso ayudó a que se fuera adelante al extremo de que un zaguero marcó el empate llegando como un atacante y, aunque luego Peñarol incluyó a Darío y Olivera, pegando un manotazo de ahogado que "dio vuelta la cancha", con las atajadas de Laforia y el aporte de Franco en los contraataques, se vino el descalabro.
Mejor dicho: el "entierro"; porque al Peñarol del Uruguayo que se pegó un tiro en la sien, hacía rato que la América y la Olímpica lo estaban velando.
La cifra
8 goles le metió River Plate a los dos grandes: le ganó a Nacional 4-2 y a Peñarol 4-1.
Las estrellas
F. Laforia
Gravitante. Hizo grandes atajadas; algunas, incluso, monumentales.










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