
En la noche del 2 de marzo, en el Parque Central y cuando apenas se llevaban jugados siete minutos de juego, murió un sueño y empezó una pesadilla.
Una noche para el espanto. Interminable. Cruel. Lapidaria. Dolorosa para la gente que acompañó como siempre, que alentó como nunca. Devastadora para los que soñaban con ver el fútbol espectáculo. Para todos los que esperaban que Nacional creciera para recomponer el mal comienzo.
No hubo nada para creer que la noche podía tener otro fin. Fue el peor cuento de terror jamás imaginado. Lo contaron en el Parque Central las terribles actuaciones de los jugadores tricolores. Los errores de apreciación del entrenador.
Lo que provocó mayor desasosiego es que Argentinos Juniors ganó sin hacer nada. Se llevó tres puntos por empeñoso y cuidadoso. Simple. Y entiéndase bien, manejó la pelota, los tiempos del partido, pero el daño, el verdadero daño, llegó por la barbaridad cometida por el arquero Leonardo Burián y el defensa Gabriel Marques.
Iban 21 minutos de juego y una pelota muerta, en poder de los tricolores, terminó en los pies de Niell. ¿Cómo? Que le pregunten a los jugadores tricolores.
De ahí en más, después de haber tenido tres oportunidades muy claras para convertir y en las que se comprobó que la mano no venía bien para Nacional porque la suerte no estaba bajo ningún concepto de su lado, se bajó el telón.
Sí, sin vueltas. Todo mal. Mejor dicho, rematadamente mal. Horribles los laterales para cubrir sus zonas, parándose como niños de escuela y concediendo gruesas ventajas. Agujeros más grandes que la capa de ozono en la mitad del terreno. Nada de retención de pelota, pobrísimo manejo de Mauricio Pereyra y Matías Cabrera. Y no queda ahí, fallas groseras de Facundo Píriz al intentar salir jugando.
Y arriba, luchando como podían Horacio Peralta y Santiago García. Pero ya sin apoyo, sin creación, sin una adecuada asistencia como para encontrarle la vuelta a una defensa que se divirtió de lo lindo por la tibieza del ataque tricolor.
Para colmo, "JR" se sumó al descontrol y formó parte de un equipo que jamás pudo mandar una señal de esperanza. Bajo ningún concepto se podía esperar otra cosa que seguir sufriendo y bancando las barbaridades de los jugadores.
La falla del DT, por cierto, estuvo en no fortalecer la zona media. En no tirar al campo de juego a Maximiliano Calzada. Con un ataque nulo, con un mediocampo débil y con una defensa que se regalaba en cada jugada -increíblemente no lo aprovechó Argentinos Juniors-, Carrasco debió mandar al campo un tipo con mayor poder de contención, con más rebeldía.
Pero no pasó y el partido empezó a transcurrir en un quiero hacer algo pero no sé cómo hacerlo y un te espero porque estoy agotado y cuando pueda te liquido. En pocas palabras, Argentinos esperó, se fortaleció en el fondo y Nacional chocó contra una pared por la inoperancia de sus hombres.
Empeñados en encontrar una solución individual en lugar de colectiva, los minutos fueron pasando sin nervios de ninguna naturaleza para el arquero Navarro.
Con el balde puesto en la cabeza en los únicos futbolistas que podían tratar de aportar algo distinto, por momentos la imagen que ofrecían los jugadores de Nacional es que estaban jugando a propósito de esa manera. Sinceramente, es difícil de creer que se puedan hacer las cosas tan mal.
Terminó la noche. Horripilante. Lapidaria. Cruel. Vergonzosa. El 1-0 en contra fue más duro que una goleada porque no hicieron nada. Pero nada de nada.
Las cifras
0 gol para Nacional en los tres partidos que jugó por la Copa. Fueron 270 minutos sin convertir.
12 días faltan para la revancha frente a Argentinos, que se jugará el 15 en el estadio Diego Maradona.
La estrella
F. Neill
Fue a todas, y cuando le dieron un regalito lo aprovechó.
Una noche para el espanto. Interminable. Cruel. Lapidaria. Dolorosa para la gente que acompañó como siempre, que alentó como nunca. Devastadora para los que soñaban con ver el fútbol espectáculo. Para todos los que esperaban que Nacional creciera para recomponer el mal comienzo.
No hubo nada para creer que la noche podía tener otro fin. Fue el peor cuento de terror jamás imaginado. Lo contaron en el Parque Central las terribles actuaciones de los jugadores tricolores. Los errores de apreciación del entrenador.
Lo que provocó mayor desasosiego es que Argentinos Juniors ganó sin hacer nada. Se llevó tres puntos por empeñoso y cuidadoso. Simple. Y entiéndase bien, manejó la pelota, los tiempos del partido, pero el daño, el verdadero daño, llegó por la barbaridad cometida por el arquero Leonardo Burián y el defensa Gabriel Marques.
Iban 21 minutos de juego y una pelota muerta, en poder de los tricolores, terminó en los pies de Niell. ¿Cómo? Que le pregunten a los jugadores tricolores.
De ahí en más, después de haber tenido tres oportunidades muy claras para convertir y en las que se comprobó que la mano no venía bien para Nacional porque la suerte no estaba bajo ningún concepto de su lado, se bajó el telón.
Sí, sin vueltas. Todo mal. Mejor dicho, rematadamente mal. Horribles los laterales para cubrir sus zonas, parándose como niños de escuela y concediendo gruesas ventajas. Agujeros más grandes que la capa de ozono en la mitad del terreno. Nada de retención de pelota, pobrísimo manejo de Mauricio Pereyra y Matías Cabrera. Y no queda ahí, fallas groseras de Facundo Píriz al intentar salir jugando.
Y arriba, luchando como podían Horacio Peralta y Santiago García. Pero ya sin apoyo, sin creación, sin una adecuada asistencia como para encontrarle la vuelta a una defensa que se divirtió de lo lindo por la tibieza del ataque tricolor.
Para colmo, "JR" se sumó al descontrol y formó parte de un equipo que jamás pudo mandar una señal de esperanza. Bajo ningún concepto se podía esperar otra cosa que seguir sufriendo y bancando las barbaridades de los jugadores.
La falla del DT, por cierto, estuvo en no fortalecer la zona media. En no tirar al campo de juego a Maximiliano Calzada. Con un ataque nulo, con un mediocampo débil y con una defensa que se regalaba en cada jugada -increíblemente no lo aprovechó Argentinos Juniors-, Carrasco debió mandar al campo un tipo con mayor poder de contención, con más rebeldía.
Pero no pasó y el partido empezó a transcurrir en un quiero hacer algo pero no sé cómo hacerlo y un te espero porque estoy agotado y cuando pueda te liquido. En pocas palabras, Argentinos esperó, se fortaleció en el fondo y Nacional chocó contra una pared por la inoperancia de sus hombres.
Empeñados en encontrar una solución individual en lugar de colectiva, los minutos fueron pasando sin nervios de ninguna naturaleza para el arquero Navarro.
Con el balde puesto en la cabeza en los únicos futbolistas que podían tratar de aportar algo distinto, por momentos la imagen que ofrecían los jugadores de Nacional es que estaban jugando a propósito de esa manera. Sinceramente, es difícil de creer que se puedan hacer las cosas tan mal.
Terminó la noche. Horripilante. Lapidaria. Cruel. Vergonzosa. El 1-0 en contra fue más duro que una goleada porque no hicieron nada. Pero nada de nada.
Las cifras
0 gol para Nacional en los tres partidos que jugó por la Copa. Fueron 270 minutos sin convertir.
12 días faltan para la revancha frente a Argentinos, que se jugará el 15 en el estadio Diego Maradona.
La estrella
F. Neill
Fue a todas, y cuando le dieron un regalito lo aprovechó.










0 comentarios:
Publicar un comentario